Aquí os dejo el capítulo III, especialmente para Adia... Es bastante largo! Espero que os guste! :)
A la mañana siguiente, Blanca se despertó bastante temprano. Casi sin atención, se puso un vestido azul y se aseó. Había pasado mucho tiempo despierta la noche anterior, cavilando sobre la nueva criatura del jardín divino, e incluso había soñado con él.
Bajó apresuradamente las escaleras, descalza, cogió una rosquilla de la despensa y salió a toda prisa al jardín, masticando aún, esperando sólo ver al arpa-yinn. Temía por él.
Michael estaba sentado al pie de un árbol, con las piernas cruzadas. En su mano se había posado un colibrí, que parecía estar cómodo. Miraba al arpa-yinn, agitando de vez en cuando sus alitas de colorines. Michael lo observaba a su vez, y sonreía ligeramente. Parecía que ambos se entendían, e incluso que disfrutaban de la presencia del otro.
Michael advirtió sobresaltado la presencia de Blanca (que suspiró aliviada cuando le vio bien), y se puso alerta; pero se tranquilizó un tanto al ver que era ella. Se revolvió un poco, un esbozó una sonrisa pequeñita pero dulce.
El joven presentaba mucho mejor aspecto que la tarde anterior, parecía más sereno, alegre y descansado. Blanca se acercó lentamente y se sentó junto a él, sonriendo.
- Buenos días.- saludó.
- Hola.- respondió él, con timidez, algo incómodo por su presencia. Le intimidaba. El colibrí salió volando, y el arpa-yinn le observó marchar.
- Te has levantado pronto.- le dijo Blanca.
- Es costumbre de mi raza acostarnos con el crepúsculo y levantarnos al alba.- o bien Michael era alguien de pocas palabras, o era tímido o aún no confiaba en ella. Pero realmente dijo aquello para que Blanca no se diese cuenta de que apenas había dormido, aunque tenía mejor aspecto. Los demás seres del jardín habían hecho un gran trabajo, y le habían ayudado bastante; sus heridas estaban notablemente mejor.
Blanca, al notar la tensión, pensó que tal vez debía dejar al joven solo, ya que él parecía algo incómodo con su presencia, y se levantó, con cierta vergüenza.
- Bueno… Adiós, luego nos vemos.- dijo de pronto. Michael la miró incorporarse y atusarse el vestido. De pronto, la retuvo, cogiéndola de la mano.
- Espera… no te vayas.- pidió. Ella le miró, extrañada. Aquel chico era una caja de sorpresas. El joven suspiró y bajó la mirada.- Lo siento… Es que… bueno, no… no estoy acostumbrado a tratar con seres diferentes a mí… pero no quiero que te vayas… Me…- se ruborizó notablemente.-… me gusta tu compañía.- Blanca sonrió ampliamente.
- Está bien.- y se volvió a sentar de nuevo a su lado, sonriendo. Michael pareció complacido, aunque no dijo nada. Miraba a unas hadas que revoloteaban junto a sus manos, con timidez. Blanca, también en silencio, le miraba a él, con disimulo. Un hada niña que había nacido aquella mañana (pero que ya tenía, más o menos, diez años) murmuró algo en un idioma misterioso y musical, desconocido para la joven. Michael respondió brevemente y bajito, también en ese idioma. Sus palabras parecían aún más hermosas en aquella lengua. Blanca observaba atentamente la escena, sin entender.
- ¿Qué… qué dicen?- se atrevió a preguntar.
- Me preguntan que dónde están mis alas.- respondió él, con timidez, mirando al suelo. Ella se sintió incómoda, y Michael suspiró, anhelante.
- ¿Puedo preguntarte que qué pasó con ellas?- inquirió Blanca, despacito, con vergüenza. Era muy curiosa. Al instante se arrepintió de haberlo hecho, pero ya era tarde. Michael bajó la cabeza, apesadumbrado, pero empezó a relatar, en voz baja y suave:
- Un coleccionista… una vez, un coleccionista, encontró nuestra casa, y capturó a mi hermana pequeña. Y yo estaba con ella. Y, no sé… tal vez, como yo era mayor… no sé, me dijo que la liberaría si ocupaba yo su lugar…
- Y aceptaste.- casi afirmó Blanca, y el arpa-yinn asintió.
- Acepté. Ella es una niña, es tan pequeña… Y yo, bueno… Entonces, me llevó a una cueva, en el bosque… Y me encadenó a la pared. Luego…- Michael hizo una pausa, y explicó.- Está bien, para cortarle las alas a un arpa-yinn, el método menos… doloroso… es aplicarles agua de lavanda, y luego jugo de rosas… Es como… como una anestesia, ¿sabes? Y luego las cortas con un filo de oro o de plata… Y, ya cortadas, le lavan las heridas con agua salada y cálida… Pero aún así duele muchísimo, ¿sabes? Y es algo totalmente cruel… Los arpa-yinn apenas andamos… Pasamos casi todo el tiempo volando…- el joven comenzó a retorcerse un rizo, con timidez. No miraba a Blanca a los ojos. Ella reparó en que había visto a Michael andar con cierta torpeza, pero había pensado que era por el cansancio. Después, el joven prosiguió, con suavidad.- Bien, pues él no siguió ninguno de estos métodos… Me encadenó, me… me humilló todo lo que quiso, cogió una… sierra, simplemente, y me… me cortó las alas.- relató, y tragó saliva.
- ¿Y… te dolió?- se atrevió a cuestionar la joven. Él asintió.
- Terriblemente. Más que todos los dolores que he experimentado juntos. Y luego… el coleccionista se marchó y me abandonó allí. Recuerdo que sentí la sangre abandonando mi cuerpo, y la infección de las heridas quemándome toda la espalda… Estaba medio inconsciente, pero el dolor seguía allí, ¿sabes? Es lo más horrible que me ha ocurrido nunca… Estuve moribundo…
- ¿Y… cómo volviste a tu casa?- se hizo el silencio. Michael bajó aún más la cabeza, y luego susurró:
- Nunca volví… Ronald me encontró allí unos días después. Yo seguía medio inconsciente, y apenas podía moverme. Así que me dio de beber algo asqueroso… pero me sentí mejor, al menos. Luego… me metió en su camioneta y me trajo aquí.
- Podría haberte llevado a tu casa… Pero no quiso, ¿verdad?- masculló Blanca, apretando los dientes. Michael bajó la cabeza y negó.
- Se lo pedí… Se lo rogué…- murmuró.- Pero me dio latigazos… Y no, no quiso. Recuerdo que cuando entró a la cueva donde yo estaba… Tuve una chispa de esperanza, y pensé “Por favor, por favor, necesito salir de aquí…” y…- rió, can la sonrisa vacía.- Salí de allí, pero… no como yo habría deseado.- murmuró. Blanca odiaba a Ronald. Interiormente, le maldijo. Era un demonio.
- Lo siento. Y… ¿cómo te trajo aquí?
- En su camioneta. Pero apenas recuerdo el viaje…Estaba muy asustado y me dolían las heridas terriblemente. No tenía siquiera fuerzas para cicatrizarme un poco las heridas… Y me mareé. Nunca antes había… viajado en coche, y además me aterraba irme lejos…- contó él. Iba perdiendo la vergüenza poco a poco.- Pero ayer por la noche, descansé mucho, y los habitantes de este lugar estuvieron ayudándome, y… supongo que estoy mejor.- la joven asintió percatándose de que las heridas de su amigo habían mejorado.
- Me alegro mucho, de verdad.
- Gracias… ¿Sabes? Cuando Ronald me dijo que me iba a regalar a otro comerciante, yo…- hizo una corta pausa.- Yo me quedé aterrorizado, y me dio mucho miedo… Pero luego te vi, y…- se interrumpió rápidamente. “Modera tu lengua”, se recordó. La joven sonrió, sonrojándose.- Bueno, creo… que esto es mucho mejor… de lo que yo creía…
- Eso espero. No te preocupes, aquí estarás más o menos bien.- le tranquilizó Blanca, sonriendo. Michael asintió, sin mucha convicción. Se rascó con fuerza todo el torso y se desabrochó los botones de la camisa.
- Dios mío.- murmuró. –Qué agobio.
- ¿Por qué?- le preguntó Blanca, confundida.- ¿No te gusta el algodón?
- ¿El… qué?
- El algodón. El material del que está hecha tu camisa.
- Oh, no, no es eso. Es que… no estoy acostumbrado a llevar nada sobre el torso…-confesó. Blanca le miró, asombrada.
- ¿No?
- No. Con mis alas, me era imposible ponerme ninguna camisa, o camiseta…
- Oh, es verdad. ¿Y no pasabas frío en invierno?
- Donde yo vivo casi siempre hace calor.- dijo él, con una sonrisa encantadora. Entonces, a la joven se le ocurrió algo.
- Las mujeres arpa-yinn… ¿Llevan camiseta?- inquirió, con cuidado. Michael negó con la cabeza.
- No. Les pasa lo mismo que a nosotros…
- Y… ¿no les da vergüenza?- preguntó, asombrada.
- ¿El qué iba a darles vergüenza?- respondió Michael, inocentemente.
- Pues… no sé, enseñar sus pechos…- el arpa-yinn soltó una carcajada.
- No creo.-rió.- Por eso, no entiendo cómo los humanos podéis aguantar con esto puesto todo el día.- Blanca se encogió de hombros.
- Supongo que somos algo más pudorosos que los arpa-yinn…- Michael sonrió tímidamente, pero no respondió.
- ¿Cómo es tu casa?- quiso saber Blanca. El arpa-yinn esbozó una encantadora y tímida sonrisa al recordar, y respondió:
- Es un bosque. Le llamo mi casa, aunque debería decir mi hogar. Es un bonito bosque donde vivimos hadas, animales, duendes, ninfas y arpa-yinn juntos, en armonía. Hay flores de todos los colores, árboles de todos los tipos, seres de todas las razas. Hay una temperatura agradable, y a veces llueve y sale después el arco iris…- No continuó. Michael se estremeció y se cubrió el rostro con las manos.- Pero me temo que ya nunca volveré…- y se le quebró la voz. Tensó todos los músculos para contener el llanto. La joven se compadeció de él. Le habían capturado, torturado, le habían alejado de su familia y amigos y le habían condenado a estar en un paraíso… pero cautivo. ¿De qué servían en el jardín hermosísimo de su tío las flores, los árboles, la hierba, los estanques y la magia de la naturaleza si todo el mundo allí estaba triste y vivía cautivo? Con el sello que grababa el tío Dan en todos los que allí estaban, nadie podía abandonar el jardín. Hasta los pájaros y las mariposas eran prisioneros.
- Otra cosa.- sonrió Blanca, unas horas después. Seguía hablando animadamente con Michael. Se preguntaban cosas el uno al otro, con curiosidad.- ¿Cómo mides tú el tiempo?
- Del mismo modo que tú.- contestó Michael. Seguía triste y decaído, pero se iba animando, poco a poco. Le gustaba la compañía de Blanca.- Una hora son 60 segundos, un día son 24 horas, un mes aproximadamente 30 días, un año son 12 meses y 365 días.
- Entonces, ¿cuántos años tienes?- le preguntó Blanca.
- Veintiuno, más o menos. ¿Y tú?
- Dieciséis y ocho meses. Y… ¿cuándo es tu cumpleaños?
- ¿Mi qué?- Michael se mostró confuso.
- Tu cumpleaños. El día en el que naciste.- explicó Blanca. Él sonrió.
- Nosotros no nacemos como vosotros.
- ¿No?
- No. Nuestros padres nos crean… con amor.
- No entiendo…
- Si ellos sienten amor el uno por el otro, y sentirán amor por el bebé que van a crear, pueden sacar ese amor que sienten y crear a partir de él un bebé.
- Es maravilloso.- se admiró Blanca.- Entonces, nadie puede obligar a una mujer a tener un hijo…- el rostro del arpa-yinn se crispó en un gesto de horror.
- Por supuesto que no. Qué cosa tan malvada.
- En este mundo hay gente que lo hace.
- ¡Es terrible!
- Ya lo sé…
- ¿A ti… te han obligado alguna vez?
- ¡Por supuesto que no! Es algo… no sé, humillante y doloroso… Y sólo los hombres realmente malvados lo hacen…Espero que no me lo hagan nunca…
- Yo también lo espero… Siento haberlo preguntado.
- No te preocupes.- rió ella.- Oye, y… ¿cómo nacéis?
- Cuando los padres están del todo preparados para que su hijo o hija llegue… Simplemente se arrodillan en una nube a la puesta de sol y le piden al alma del niño que les acompañe en esta vida… Al día siguiente, con el amanecer, el hijo o hija aparece en la nube, como un bebé recién nacido.
- Qué hermoso.
- Lo es. Respecto a mi cumpleaños… Creo que no sé la fecha exacta.
- Mm… Otra pregunta… ¿No sabes andar?- Michael sonrió ligeramente.
- Andar, andar… sí que sé… Pero verás, en mi raza vivimos en las alturas, ¿sabes? Nuestros nidos están en las copas de los árboles, y cuando bajamos al suelo apenas caminamos, sino que volamos muy bajito… Por eso me cuesta andar… Pero supongo que tendré que acostumbrarme…
- Es fácil, no te preocupes.- y ambos sonrieron. Permanecieron un rato saboreando el silencio, hasta que la joven le preguntó:
- ¿Es verdad que los arpa-yinn sois los seres que mejor cantan en este mundo, y que tienen la voz más bonita?- él se encogió de hombros, humildemente.
- No sé… Nosotros nacemos con unas cuerdas vocales especiales, diferentes a las vuestras, que hacen la voz más aguda, ¿entiendes? Y… nuestro cerebro es capaz de aprender y memorizar cientos de lenguajes diferentes, que nos enseñan en la infancia. Tanto de humanos como de otros seres… Mi madre suele… solía cantarme canciones en diferentes idiomas, y yo me las aprendía todas… Así que ahora me sé unas cuantas… Por eso, aparte de nombres arpa-yinn, algunos de mis hermanos y yo tenemos nombres ingleses… A mi madre le encanta el inglés. A mí también, y me gusta inventar canciones nuevas…
- ¿Tú solo?- se sorprendió Blanca, fascinada. Michael asintió, tímidamente.
- Me encanta hablar en inglés.- confesó.- Me parece un idioma muy misterioso y que suena genial. También me encanta el élfico.
- Yo sólo sé hablar español y francés…- se avergonzó la joven.
- No hace falta más.- le sonrió él.
- ¿Me cantarás algún día alguna canción que hayas inventado tú?
- Si quieres…- respondió él, suavemente, sonrojándose. Blanca sonrió, satisfecha, y cambió de tema.
- ¿Cuántos hermanos tienes?
- Diez.
- ¡¡Diez!! Yo daría lo que fuera por tener uno… Y me conformo.
- Diez hermanos, veinte primos en total, cinco tíos por parte de mi padre y tres por parte de mi madre… Dos abuelos y cuatro sobrinos.
- Dios mío… Qué familia tan numerosa…
- Realmente sí, pero es maravilloso. Vivimos todos como una comunidad, todos nos llevamos bien, nos queremos, nos ayudamos y vivimos en armonía… No puedes imaginar lo maravillosa que era mi vida hasta hace unos días, lo feliz que yo era y lo afortunado que me creía...- Michael tomó aire para decir esta última frase sin que le temblase la voz, y aún así los ojos se le humedecieron. Blanca bajó la mirada y colocó una mano en su rodilla.



Que capítulo más bueno! Que agradable poder leer una historia como esta y desconectar un poco! Mil gracias por subirlo! Tienes una imaginación envidiable...
ResponderEliminarA ver si te lo publican en el foro, le va a gustar a todo el mundo!
(Ah, y anímate a crear otros blogs para tus otras historias, ahora tienes una fan que se las leerá todas!) jaja
Besos guapa!
Gracias Adia! De nuevo, me siento tan agradecida por tu apoyo y tus comentarios! Me alegro de que te guste el capítulo, haber si mañana tengo tiempo para subir el siguiente... Un beso guapa! :)
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