La historia dos almas especiales destinadas a amarse, de dos almas gemelas. El dolor y el esfuerzo para conseguirlo, la esperanza y el valor necesarios para salir adelante, la belleza de nuestro mundo y de los mundos paralelos... Y la magia del amor.



viernes, 17 de junio de 2011

Capítulo V: Randy

Dan traía detrás suyo a un niño de unos siete años, muy parecido a Michael, con la piel oscura, cabellos rizados y ojos soñadores, grandes y almendrados. El pequeño tenía unas bonitas y brillantes alas blancas, de plumas, que se ajustaban a su tamaño.
-         ¡¡Michael!!- llamó el niño, con voz suplicante. Estaba muy asustado.
-         ¡Randy!- gritó él, exaltado. Se incorporó deprisa y corrió hacia él. Dan se quitó del medio.
-         Randy, Randy…- murmuró Michael. Ambos arpa-yinn se fundieron en un cálido abrazo.- Oh, Randy, tú no, por favor, tú no…- el joven apretó los dientes. La sangre le hervía. No recordaba haber estado tan furioso nunca. Su punto más débil era, sin duda, su familia. Y dentro de este sector, su hermanito Randy. Cómo le quería… Al nacer el pequeño, Michael se había prometido protegerle, aunque esto le costase su vida. Sentía un cariño especial hacia él. Era tan tierno, tan lindo, tan dulce… Michael lo daría todo por él.
¿Cómo se atrevía Dan a capturarle? ¿Acaso no le bastaba con él mismo? ¿Tenía que tomar a un niño indefenso y pequeño? Qué cobarde, pensó Michael.

-         Michael… te echábamos muchísimo de menos… Jackie decía que tal vez habías muerto, pero yo sabía que no, ¿sabes?- el niño tenía también una voz preciosa y aguda. Abrazaba con fuerza al joven, temblando. Blanca observaba la escena, aún arrodillada. Percibía la rabia de Michael. El joven no dijo nada, metido en sus propios pensamientos, incapaz de hablar sin expresar su ira. Respirando profundamente, estrechó con fuerza a su hermanito.
-         ¡¡¡Michael!!!- se alarmó de pronto el niño, poniendo cara de miedo y horror.- ¡¡ ¿Y tus alas?!- el silencio del joven respondió a Randy de nuevo. Esta vez, Michael bajó la mirada, apesadumbrado. Su hermanito colocó sus manos en la espalda de Michael, donde habrían de estar sus alas. Palpó las cicatrices, y Michael se estremeció de dolor. Randy retiró la mano, asustado y horrorizado.
Entonces, Dan se interpuso entre ambos arpa-yinn, y separó violentamente al niño del cuerpo de Michael. Randy intentó inútilmente aferrarse a la cadera de su hermano mayor, que se encaró al comerciante.
      - Suelte a mi hermano.- casi exigió, con brusquedad. Luego cambió un poco el tono, dándose cuenta de su error.- Por favor. Déjele ir… Yo…
-         Está bien, está bien.- Dan le interrumpió sin prestarle atención, y después, increíblemente, se dirigió a Blanca.- Querida, estarás algo perdida. Randy es otro arpa-yinn, hermano de siete años de tu apreciado Michael. Ronald lo encontró buscando a su hermano en un bosque cercano a su hogar, lo cogió y me lo trajo... Fue algo fácil. Además ahora ya sabemos exactamente dónde están todos los arpa-yinn… Serán nuestros, los tenemos acorralados.- se mofó. Michael abrió mucho los ojos, horrorizado. Un escalofrío recorrió su espalda. Era terrible, terrible. No podían capturar a toda su familia. Dejó escapar una lágrima de rabia y otra de cariño hacia su hermanito, que había partido a buscarle. Intentó cogerle en brazos, pero Dan seguía interponiéndose entre los dos.
-         Déjele ir a él.- rogó Michael, humildemente, tragándose su rabia con cierta dificultad.- Por favor. Yo me quedaré aquí, pero déjele irse a él.
-         ¿Por qué debería hacerlo?
-         Es sólo un niño, señor. Tiene siete años… No puede hacerle eso a un niño pequeño… Por favor, intente entenderlo. Haré lo que quiera si deja a mi familia en paz. Haré lo que me diga.- prometió, controlando como pudo la ira y el llanto. Dan meditó unos instantes, considerando sus posibilidades, y luego sonrió.
-         De acuerdo. Él se marchará, y toda tu familia quedará a salvo, pero tú tendrás que permanecer aquí, en mi jardín… Hasta que yo mismo te entregue la libertad. No podrás hacer intentos de escapar y estarás completamente a mi servicio. ¿Te parece bien?- sugirió. Michael suspiró, anhelante, pero dijo con los ojos cerrados:
-         Sí, señor.- Sabía que acababa de condenarse a la esclavitud eterna, y que en aquel momento estaba renunciando a vivir libremente, ya que Dan nunca le liberaría. Pero por Randy y por su familia haría eso… y mucho más.
Randy se aferró a la cadera de su hermano, si que Dan pudiese retenerle. Tampoco lo intentó demasiado. Dejó que el niño abrazase a su hermano, llorando.
-         ¡No! ¡No hagas eso, Michael!- chilló, pero su él sonrió, resignado. Dan le tendió su mano, y ambos se las estrecharon. Una luz viscosa y dorada mantuvo unidas sus manos unos instantes, y luego dejó una pequeña marca en la muñeca de cada uno, que fue borrándose durante los siguientes segundos. Blanca reconoció la marca del Juramento. Dan la miró, esperando algo. Ella, sabiendo lo que tenía que hacer, asintió, se acercó a la escena y dijo:
-         Soy testigo del Juramento.- Dan sonrió, satisfecho, y se alejó un tanto del arpa-yinn. Michael, visiblemente afligido, con Randy aferrado a su cadera, miró tristemente a Blanca. Ella le abrazó y le acarició los ricitos, susurrándole palabras reconfortantes al oído. Luego se separaron, y la joven compartió una intensa mirada con Randy (que tenía los ojos húmedos), y Blanca le acarició con ternura el rostro. ¡Qué lindo era el pequeño!
-         Gracias por cuidar de Michael.- murmuró su hermano, entre sollozos. La joven le sonrió.
-         No te preocupes, Randy. Le haré lo mejor que pueda.- prometió. Michael sonrió tímidamente, y los tres se fundieron en un cálido abrazo.
-         El niño tiene que marcharse ya.- dijo el tío Dan, observando que el control de la escena se le escapaba de las manos.
Los tres suspiraron. Michael y Randy se miraron profundamente un largo rato. El pequeño lloraba en silencio, sin poder creer lo que estaba pasando. Michael, ¡era Michael quien se estaba condenando a ser un esclavo el resto de su vida, y a aislarse de todos sus seres queridos! Sí, era Michael, su querido Michael, quien solía contarle cuentos, cantarle canciones, ayudarle a volar y jugar con él. Admiró más que nunca a su hermano; qué valiente era, qué amable era, qué dulce era, qué fuerte era, qué perfecto era. No, no podía creerlo. Su hermano mayor no podía estar haciendo eso.
Sacándole de sus pensamientos y haciéndole reaccionar, Michael se agachó, y ambos se abrazaron.
-         No dejaré que esto pase, Michael. No te dejaré. ¿No te das cuenta de que te tendrás que quedar aquí para siempre? ¡No serás feliz!- murmuró Randy, horrorizado.
-         Es lo correcto, Randy. Si no, todos estaréis en peligro. Valen más cincuenta vidas que una…- replicó Michael, con melancolía.
-         No es justo… Deja que me quede yo, Michael. Sólo tengo siete años.
-         No, Randy, no. Precisamente porque tienes siete años, aún te queda mucha vida por delante. Experiencias que vivir, aventuras que correr. Aún eres demasiado joven para esto, mi vida. Lo que no sería justo es que ahora todos los demás (mamá, papá, nuestros hermanos y hermanas…) tengan que ser cautivos sólo porque yo no quiera serlo, ¿entiendes?
-         Tú no eres mucho mayor que yo…
-         Pero un poco sí, ¿no?- sonrió Michael, con amargura. Blanca observaba la escena, intentando quedarse un poco al margen para dejarles intimidad, pero Dan escuchaba todo con avidez, pareciendo disfrutar del momento.
-         ¿Y… y quien me contará cuentos, Michael? ¿Y quién me cantará con una voz como la tuya? ¡No, Michael, por favor, no! Acabo de encontrarte y tengo que condenarte…- sollozó Randy, al borde del llanto. No quería dejar allí a Michael por nada del mundo. Pero su hermano parecía muy convencido.
-         Randy, Randy, pequeño mío, sabes que siempre estaré contigo, aunque no sea físicamente. Lo sabes, ¿verdad?
-         Si no es físicamente no vale, Michael.- protestó él. Michael soltó una risita. Dan, creyendo que la situación se le volvía a escapar de las manos, se puso en medio de ambos, severo.
-         He dicho que el niño tiene que marcharse ya.- dijo, con dureza. Randy subió la vista hacia él, totalmente aterrorizado. Sus ojos mostraban mucho miedo.
-         Señor…- musitó, con su vocecita aguda de niño.- Señor, por favor… No le haga daño a Michael… Por favor, señor… No lo haga sufrir…- su tono era humilde y suave, y sus ojos inocentes y dulces, preocupados. Pero Dan no se dejó ablandar, y le miró con una expresión burlona.
-         Yo haré con tu querido hermanito lo que me convenga y lo que me dé la gana.- respondió, exhibiendo su horrible dentadura. El rostro de Michael se ensombreció, y Randy tembló de miedo. Iba a decir algo, pero Dan se le adelantó:
-         Y si no desapareces ahora, mismo, mataré a Michael en este mismo momento.- amenazó. Los ojos de Randy se llenaron de lágrimas, y se volvió hacia su hermano, muy asustado.
-         ¡No! No quiero esto, no puedo permitirlo... Michael, no te dejaré.
-         Randy, debes hacerlo.- ordenó Michael en un tono más serio, pero suavemente.- Tienes que irte, enanito saltarín. Ahora.
-         Te echaré de menos todos los días y todas las noches, Michael.- sollozó el niño.- Te quiero mucho, Michael. No nos dejes... ¿Qué haré sin ti, Michael?- y dejó escapar un sollozo. Acarició disimuladamente las heridas de la espalda de su hermano, con mucho cuidado, curioso y horrorizado. No podía creer que su querido Michael fuese a dejarle, y que él se viese obligado a abandonarle en aquellas penosas condiciones.
-         Es lo mejor.- sonrió su hermano, con ternura. Sus ojos estaban llenos de lágrimas. Una de ellas resbaló por la mejilla del arpa-yinn, y él se apresuró a detenerla. Randy no debía verle llorar.- Diles a todos que estoy bien, que les quiero mucho y que no os olvido…- se le quebró la voz.- Y ten cuidado. Yo también te quiero, Randy.- y dicho esto, le besó el la frente, se incorporó y susurró a su hermanito:- Márchate, pequeño. Algún día volveré, te lo prometo.- él lloró en silencio, pero batió las alas, y, saliendo por la ventana, se perdió en el horizonte, volando tan rápido como podía. Michael apartó el rostro para llorar. Blanca se acercó a él entonces, y le abrazó con ternura. Ambos juntaron sus cuerpos tanto que parecieron uno. Randy se volvió en ese momento, y se quedó más tranquilo al comprobar que su hermano no estaba del todo solo.




2 comentarios:

  1. Querida, tienes una imaginacion maravillosa, simplemente increible.

    No puedo decir cuanto me ha gustado este capitulo, y todos los demas tambien. En ciertos puntos me hacias sonreir, y en otros, llorar. Y te agradezco por ello.

    Ya tienes otra lectora fiel! Y estare aqui para leer y comentar cada capitulo de esta preciosa historia. Es bellisima, tienes un gran talento.

    Espero puedas publicar el siguiente capitulo pronto, espero impaciente.

    Besos!

    Y saludos, desde México!

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  2. Hola nena!
    Me alegro mucho de que te haya gustado!^^ :)
    Busco despertar las emociones de mis lectores, y qué bien que pueda conseguirlo!! Muchas gracias por tu apoyo guapa!!
    Un beso desde España! :)

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