La historia dos almas especiales destinadas a amarse, de dos almas gemelas. El dolor y el esfuerzo para conseguirlo, la esperanza y el valor necesarios para salir adelante, la belleza de nuestro mundo y de los mundos paralelos... Y la magia del amor.



jueves, 18 de agosto de 2011

Capítulo X: Advertencia


Dan pasó cuatro días presumiendo ante sus amigos de lo maravilloso que era Michael. Les mostraba su increíble inteligencia y su habilidad respondiendo, sus dotes culinarias y en todo lo que fuese trabajar, su docilidad y obediencia, sus poderes curativos, su dulzura… y su preciosa voz. Michael cantaba dócilmente todos los días, sin expresar cansancio alguno; a los tres comerciantes les encantaba escuchar su voz en cualquier momento, como una música de fondo. El arpa-yinn se mostraba dócil y obedecía con una sonrisa, a pesar de que sólo quería gritar y escapar.

Entraban los tres en la casa cierta ocasión, después de refrescarse en la piscina. Cada uno fue a su habitación a ponerse ropa seca, y acordaron encontrarse de nuevo media hora después, en la cena.
Dan entró a su dormitorio, lleno de cuadros, estatuillas de seres mágicos y alfombras. Su cama era grande, pero la habitación era lúgubre y oscura. El comerciante, silbando, abrió la puerta, despreocupado, entró y la cerró tras de sí. Fue cuando ya estaba dentro cuando reparó en el par de ojos afilados color ceniza que lo observaban desde la penumbra de un rincón. Dan chilló, asustado, pero entonces Lun se dejó ver, con sus ojos enfurecidos y brillantes en la oscuridad, alto, elegante, serio, imponente. Lun, aparte de Michael, era la única criatura del jardín que tenía acceso a la casa, porque era, de algún modo, el consejero de Dan, la criatura en la que más confiaba y la que más le intimidaba. Lun llevaba prisionero en aquel jardín más de 70 años, desde que el abuelo de Dan era el propietario… Y sobre todo, tenía mucho poder.
-         Lun.- jadeó el humano, sorprendido.- ¿Qué haces aquí?
-         Quiero hablar contigo.- Lun era la única criatura del jardín que tuteaba a su amo.
-         Claro…- Dan empezó a sentirse incómodo.- Por supuesto, siéntate, ponte cómodo y hablemos…
-         No finjas, humano. Sabes muy bien sobre qué quiero hablar, sabes qué es lo que pasa.- el elfo estaba enfadado, muy enfadado. Se acercó peligrosamente a Dan, de modo que sus rostros quedaron a pocos centímetros.- No creas que se me escapan tus crueldades, Dan…- escupió, enfadado. Se tomaba la libertad de hablarle a Dan tal y como él hablaba a sus presas. Los ojos del comerciante quedaban a la altura de la barbilla de Lun. Dan esbozó una sonrisa tonta, intimidado y asustado.
-         Mi-Michael… Claro, te refieres a Michael, ¿verdad?
-         Le hiciste una promesa.
-         Sí, sí, la promesa… La recuerdo. Dejar en paz a su familia si él permanecía aquí…- Dan se separó de Lun y comenzó a caminar en círculos por la habitación, pensando alguna buena excusa.
-         Por lo que parece, no piensas cumplirla.-acusó el elfo secamente.
-         Verás, Michael se está portando muy bien, pero Lun… Los arpa-yinn son una raza en peligro de extinción, todos los comerciantes del mundo se están dejando la piel por cazar los últimos que quedan, ¡y nosotros sabemos donde encontrar una familia numerosa! Es una suerte, no podemos desaprovechar la ocasión… Mañana mismo mandaré gente a buscarles.
-         ¡No lo hagas! ¡Ellos son libres!- Lun pegó un puñetazo a la pared, furioso. Clavó sus intimidantes ojos en un asustado Dan.
-         Pero… Pero Lun, hemos estado toda la vida cazándolos… Si no lo hacemos nosotros lo harán otros…
-         Sois repugnantes.- siseó Lun.- Todos. Dejadnos en paz de una vez.
-         Escucha, Lun, eres un elfo, una raza distinta, no creo que comprendas como funciona el mundo de los humanos…- y Lun siseó.
-         No soy estúpido, Dan. Sé como son las cosas, llevo 70 horribles años conviviendo y sirviendo a humanos, y puedo asegurar que sois unos seres mezquinos y egoístas.
Dan iba a contestar… De pronto, cuando se giró hacia Lun, el elfo estaba a escasos centímetros de él, mirándole muy fija y seriamente.
-         Escucha bien porque no voy a repetirte esto nunca más.- le susurró, con frialdad.- Si me entero de que a la familia de Michael, o a él mismo, les pasa algo malo… Vas a desear no haber nacido.- amenazó, hablando muy despacio y muy claro, con firmeza.
-         De acuerdo… Espero que estés bien seguro de lo que dices, Lun… P-pero dime, ¿qué tiene ese arpa-yinn al que tanto proteges?- balbuceó el humano. Lun bajó entonces la mirada y en sus delicadas facciones apareció el cariño.
-         Le debo mucho a Michael, muchísimo. Él no lo sabe, pero me ha salvado varias veces la vida… Y la de seres muy queridos. Además.- el elfo volvió a mostrarse firme entonces, y clavó sus pupilas en las de su asustado amo.- También lo hago por la raza de los arpa-yinn. Son fascinantes, adorables, perfectos, pero los habéis cazado hasta casi extinguirlos, y, de algún modo, ya que ellos apenas se defienden, quiero hacerlo yo. Así que más te vale no molestarles, Dan.
-         Claro, Lun… Lo que digas.- Dan tenía miedo, estaba acobardado y humillado. Pero de pronto, algo poderoso despertó en él; el orgullo. ¿Aquel elfo, su prisionero desde hacía años, su esclavo, totalmente vulnerable le estaba dando órdenes a él? ¿Quién era ninguno de sus prisioneros para decirle a Dan lo que tenía que hacer, y mucho menos, para amenazarle? Cuando Lun se dio la vuelta, Dan le cogió del brazo, reteniéndole.
-         Eh, espera, elfo… ¿Quién te crees que eres para hablarme así? ¡Eres mi prisionero! ¡Quiero verte de rodillas pidiendo excusas! Pero bueno, ¿crees que puedes…?- y a la velocidad de la luz, Lun soltó un siseo furioso, sacó una daga de su cinto y se la puso a Dan en el cuello.
-         Cuidado, humano. No me trates como a un inferior. No te temo, no puedes impresionarme ni intimidarme. No te pertenezco, no te debo nada. No me toques.- se zafó de la mano del humano casi con repugnancia. Dan, asustado de nuevo y respirando agitadamente, vio como se marchaba por la puerta sin mirar atrás, orgulloso, enfadado y majestuoso.


Chicas! Qué tal? Sé que este capítulo es muy corto y que además no aparece Michael, así que, para compensar, subiré hoy otro también cortito, que os parece? Un saludo a todas, gracias por comentar! :)

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