Capitana Amanecer
Un fresco día de otoño, Dan salió al porche, envuelto en un abrigo de pieles, y gritó a pleno pulmón:
-¡Día libre!- todas las criaturas que estaban trabajando le oyeron perfectamente, y de inmediato pudieron escucharse gritos de júbilo, risas y pasos corriendo hacia el bosque.
Michael sonrió y dejó de recolectar cerezas venenosas de su árbol. Era una tarea inútil; los frutos no servían para nada, no se podían comer, y sólo se usaban para adornar; pero a Dan le gustaba darle trabajo a Michael.
El arpa-yinn se sentó alegremente bajo su árbol, donde Ishe jugueteaba con las hojas. Y, como esperaba, Blanca no tardó en aparecer del interior de la casa, con una sonrisa radiante. Ambos se abrazaron cálidamente; tenían un día entero para estar juntos.
Pasaron la mañana y media tarde día paseando por el bosque, cogidos de la mano y charlando sobre todo lo que se les ocurría; dibujando en el porche, con el ojo disgustado de Dan observándoles; leyeron y escribieron, rieron y jugaron al escondite…
Estaba atardeciendo, y la noche ya empezaba a caer. A la pareja ya no les quedaba nada por hacer en el jardín, pero no querían dormirse aún. Blanca sugirió una “expedición” a su habitación, para pasar un rato emocionante y ver más libros y dibujos de los que la joven había sacado al jardín.
La joven tomó al arpa-yinn de la mano y lo guió hasta dentro de la lujosa casa. Subieron en silencio las escaleras, agazapados, y atravesaron varias habitaciones, haciendo crujir los suelos de madera.
Pronto se hallaron en el precioso dormitorio de Blanca. Ella encendió la luz, y Michael se sentó en una cómoda, observando todo, mientras Blanca tomaba una carpeta muy llena de una estantería.
- Mira.- le dijo al arpa-yinn.- Aquí guardo algunos de mis dibujos. No la he sacado fuera porque pesa mucho…- Michael, sonriendo, la abrió con cuidado, y fue viendo los dibujos uno a uno, fijándose en todos los detalles.
Blanca era una dibujante maravillosa; los dibujos parecían fotografías. Había uno de unos lobos en la nieve, un atardecer, una elfa rodeada de haditas, una playa, el inmenso jardín visto desde arriba… Michael estaba fascinado. Cogió el último dibujo, y se sorprendió mucho. El boceto le representaba a él mismo, sonriendo y sentado en un banco del jardín, con unas hermosas alas de pluma a la espalda y vestido de blanco.
El arpa-yinn lo observó un largo rato, con una sonrisa, conmovido. Luego miró a Blanca y le dirigió su más dulce sonrisa, dejando ver una dentadura perfecta.
- Son maravillosos. Me encantaría poder dibujar como tú.- deseó.
- Pues adelante.- animó Blanca.- Seguro que te ocurre como en la cocina, que no has probado pero luego te sale de maravilla.
- Ni siquiera sé coger el instrumento que tú usas para dibujar…- confesó el arpa-yinn. La joven sonrió.
- Oh, eso se arregla ahora mismo.- y se acercó a un cajón. Tomó un lápiz y un bolígrafo, con una goma de borrar.- Mira, esto es un lápiz. Pinta gris y se puede borrar.- explicó, mostrándole a Michael el objeto. Él lo cogió y lo observó con curiosidad. Luego, Blanca le tendió el bolígrafo azul.- Esto es un bolígrafo, pinta azul y no se borra.
A continuación la joven sacó una hoja en blanco y se la acercó a Michael.
-Vamos, prueba.- incitó.
- Pero es que no sé…- replicó él. Sonriendo, Blanca tomó su mano y le colocó entre los dedos el lápiz, en la postura correcta. Michael trató de mantenerla.
- Mira. Vamos a escribir tu nombre.- sugirió ella. Tomó la mano del arpa-yinn y le guió, ayudándole a escribir Michael. Él pareció maravillado de cómo el lápiz trazaba las letras. Blanca le dejó probar solo.
- Sólo tienes que imitar las letras de, por ejemplo, los libros.- explicó la joven.- ¿Sabes leer?- y él asintió, diciendo que su madre le enseñó hace años. Michael hizo varios intentos; escribió con letras redondas pero algo irregulares algunas palabras como Blanca, Amor, Arpa-yinn, Lun, Alas y Te quiero. Le encantó escribir, dijo que era un milagro. Luego, Blanca le enseñó a dibujar. Primero ella hizo algunas demostraciones, y luego le pasó el turno al arpa-yinn.
Para sorpresa de ambos, Michael dibujó maravillosamente. Tan sólo con ver el ejemplo de la joven, empezó a absorber todos los detalles. Y cuando tuvo que hacerlo él, dibujó un hermoso caballo banco alado, planeando en las nubes. Cometió algunos errores que borró con la goma, y al final su dibujo quedó perfecto. Le encantó aquello de dibujar; poder representar en un papel todo lo que pasaba por su mente.
Ambos pasaron un buen rato haciendo dibujitos y riendo.
- Guao.- se admiró Blanca, examinando todos sus bocetos.- Se nota que tienes talento para todo.
- Gracias.- sonrió él, sonrojándose. La joven, como respuesta, escribió en su folio: Michael, te quiero e hizo un dibujito de un arpa-yinn con alas, rápido pero lindo.
- Eres maravillosa.- murmuró Michael, contemplándolo con emoción, y ambos se abrazaron. Entonces, Blanca le hizo cosquillas en el abdomen. Michael pegó un brinco y se apartó de ella, riendo.
- ¡Serás tramposa!
- Esto es por lo del otro día cerca del estanque, ¡me pillaste por sorpresa!- aclaró ella, echándose sin piedad sobre Michael e inmovilizándole. El arpa-yinn rió y fue a levantarse, pero de pronto hizo una mueca de dolor.
- Au, au, quita por favor.- gimió, dolorido. Ella, asustada, se apartó de un salto y le observó, preocupada. Él se incorporó con gesto de dolor.
- ¿Qué pasa?- quiso saber. Descubrió entonces manchas de sangre manchando la blanca camisa de Michael, a la altura de la espalda. Fue hacia él y le ayudó a retirarse la prenda, cada vez más roja. Una de las cicatrices de las alas de Michael se había abierto, dolorosamente.
- Oh, vaya.- musitó el arpa-yinn.- Casi las tenía curadas.
- Lo siento muchísimo.- se excusó Blanca, compungida.
- No, no, no has sido tú. Hice un mal movimiento al tumbarme.- sonrió él.
- ¿Te duelen mucho?
- No.- mintió el arpa-yinn.
- Entonces, ¿por qué estás llorando?- inquirió ella, con el ceño fruncido. Fue entonces cuando Michael se dio cuenta de que varias lágrimas de dolor se deslizaban rápidamente por sus mejillas, traidoras.
- Vale.- admitió, a regañadientes.- Me duele un poco.
- ¿Un poco mucho?
- Sí.- ella suspiró.
- Vamos, túmbate en la cama. Voy a darte crema y a ponerte vendas.- sugirió.- Compré cosas el otro día en la ciudad, pensando en una situación así.- explicó. Michael sonrió con una sonrisa angelical, conmovido.
- Gracias.- dijo, al tiempo que se quitaba la camisa con cuidado, dejando ver sus feas heridas. Se tumbó en la cama lentamente, intentando no mancharla de sangre. Antes de ir junto a él, la joven apagó todas las luces, de modo que la habitación quedó muy poco iluminada; tan sólo entraban a través de la ventana las últimas luces anaranjadas del crepúsculo, la luz de la luna llena y los tintineos de las primeras estrellas. Blanca abrió el balcón, y entró un aire cálido, acompañado del olor fresco de la noche. Se oían los grillos, y las ramas de los árboles mecidas por el viento. “Qué maravilla” pensó Michael. Luego, la joven se sentó a su lado, y comenzó a recorrer su espalda con su propio dedo índice, suave y sinuosamente. Michael se estremeció de placer, y entonces ella dibujó con el caminar de su dedo un corazón.
La herida de Michael había dejado de sangrar, aunque aún estaba abierta. Blanca colocó una pomada fresca sobre las heridas, y luego las vendó, cuidadosamente. Michael se dio la vuelta entonces, tumbándose boca arriba y mirando a la joven con dulzura. Ella, derritiéndose de amor, se perdió en esos ojos tan profundos y expresivos. Entonces, él extendió los brazos, la envolvió en ellos y la tumbó encima de él. Blanca enterró el rostro en sus rizos y besó su cuello, apoyada en su pecho, escuchando su corazón.
- Michael.- susurró Blanca, de pronto.- Quiero algo.
- Lo que sea.- murmuró él, sonriendo.
- Vamos a hacer el amor.- pidió ella. Michael la miró interrogante; no parecía saber lo que era aquello. Se sonrojó un tanto al no saberlo, pero Blanca le sonrió, tranquilizándole.
- Enséñame.- susurró él, y Blanca sonrió.
Una estrella titiló en el cielo, sorprendiendo a ambos jóvenes ocultos en la oscuridad de la noche, arropados a medias con las finas sábanas, completamente desnudos. El cuerpo de él era perfecto, color café, esbelto y bien trabajado, deseable. El cuerpo de ella era delicado y hermoso, delgado y no tan moreno como el de él, con curvas, muy femenino. Ambos se abrazaban.
Michael agradeció a la noche que ocultase su rubor. Había empezado a pasar vergüenza desde el primer momento; para empezar, pocas veces había visto a una mujer desnuda, y menos en aquella situación tan comprometida… Encima de él, acariciando con sus dedos de terciopelo todo su cuerpo, como aleteos de mariposas, las mismas que sentía Michael en su estómago. Pero, ¿sabía acaso ella lo que estaba provocando? ¿Sabía las reacciones que se estaban produciendo en todo el cuerpo de Michael sólo por sus ligeros roces? El joven se sentía algo nervioso, ya que no sabía qué hacer, nadie le había hablado de nada parecido nunca. ¿Y si no sabía hacerlo bien? ¿Y si Blanca se decepcionaba o se disgustaba?
- Michael.- susurró ella, con una voz más sensual y dulce que de costumbre. Michael sintió una descarga eléctrica tan sólo de oírla.- Tranquilízate.- y entonces el arpa-yinn se dio cuenta de lo agitada que estaba su respiración.
- Claro.- jadeó. Ella se incorporó un poco.
- ¿No quieres que lo haga?
- Es que no sé de qué hablas, no sé qué es esto.... Tengo miedo… De no saber hacerlo.- confesó él, intentando luchar contra sus impulsos, que le animaban a… a no sabía explicar el qué. A abrazar a Blanca, a besarla, a quererla, a tocarla.
- No tienes que saber, Michael. Sé lo que estás sintiendo.- ella bajó su mano por el torso de él, hasta llegar a una zona un tanto comprometida. Michael jadeó se estremeció como si hubiese recibido una descarga eléctrica cuando la joven le tocó ahí.- Sólo quiéreme y sigue tus impulsos, mi amor.
Blanca se colocó sobre él, seductora, provocadora, apetecible. El pulso de Michael comenzó a acelerarse más de lo que estaba. Era como el alcohol del que la joven alguna vez le había hablado y que él nunca había probado… Le embriagaba, le hacía perder el control, el deseo se apoderaba de él. Michael acarició el cuerpo desnudo de Blanca, buscando sus labios, recorriendo sus mechones dorados con sus finos dedos. Los besos de ella bajaron de los labios del arpa-yinn a su cuello, a su pecho… Michael jadeó, con gotitas de sudor perlando su frente, y la tomó por la cintura, dispuesto a lo que fuese, matando los escasos milímetros que quedaban entre ellos, casi a punto de…
“No.”
- No.- murmuró Michael en un jadeo casi imperceptible, soltándola de pronto. Blanca se incorporó de encima de él y le observó, sorprendida.
- ¿Qué?- estaba despiadadamente hermosa, despeinada, con su bonito cuerpo desnudo y humedecido por el sudor, los ojos rebosantes de deseo.
- No puedo.- Michael se incorporó también y se apartó, sentándose al borde de la cama, muy sonrojado, jadeante, incrédulo por lo que había estado a punto de pasar.- No estoy preparado, no sé nada sobre eso, es demasiado pronto, necesito…- Blanca se colocó justo delante de él y le colocó un dedo sobre los labios, dulce, comprensiva. Se había tapado con un chal blanco y fino que llevaba puesto antes; semidesnuda era también más que hermosa.
- Sssh…- impidió que el arpa-yinn siguiese hablando.- Michael, mi Michael, tranquilo, no tienes que…
- Tengo miedo.- susurró él, interrumpiéndola, bajando la cabeza. Ella frunció el ceño.
- ¿Miedo? ¿De qué?
- No lo sé.- confesó, mordiéndose el labio inferior. ¿De qué tenía miedo? De todo. De nada. Pero el caso es que lo tenía, y aquello significaba que no era el momento apropiado. Que no estaba preparado, no aún. Blanca esbozó una sonrisa dulce y comprensiva, y se quitó el chal de los hombros para cubrir con este al arpa-yinn. Ella se vistió con su camisón blanco y vaporoso y besó a Michael en la mejilla.
- Anda, vamos a dormir. Tienes que descansar.- y Michael se tumbó junto a ella, abrazándola, agradeciéndole interiormente su comprensión y su cariño.
- Te quiero, Blanca.- murmuró. Ella soltó una risita.
- Yo te quiero más. Dulces sueños, Michael.


Dios.. no tengo palabras, ha sido un capítulo muy, muy especial. Has narrado una escena complicada de forma tan dulce, tan natural... me ha cautivado, de verdad.
ResponderEliminarEn mi opinión te superas en cada capítulo. Es increíble tu historia y tu forma de escribir. Sé que te lo digo siempre pero... es la verdad, y nunca está de más recordarlo!
Besazos!!
Mil gracias, Adia! Admito que ha sido un tanto difícil decidir esta escena y la reacción de Michael... Me alegra ver que, al parecer, ha salido bien! Muchisimas gracias por tus comentarios, me animan muchísimo! Muchos besos guapa! :)
ResponderEliminarDios!
ResponderEliminarQué capítulo!
En increíble como has ido narrándolo todo de una forma tan tierna y dulce. Magnífico.
Coincido con Adia, te superas en cada capítulo. Y este, sin duda, no es la excepción. Ha sido increíble.
Un beso!
Gracias de nuevo, Julia! Me alegra muchísimo ver siempre vuestros fieles comentarios! :) Me alegro de que te haya gustado, un besazo guapa! :)
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