Ahora siempre me levanto al amanecer. Cuando vivía en el jardín de mi tío nunca lo hacía, y no sabía lo que me estaba perdiendo. El amanecer en el bosque de los arpa-yinn es, como todo, precioso. Cuando los primeros rayos cobrizos de sol caen sobre los árboles, tiñéndolos de dorado, y el cielo estrellado, con sus tres lunas, se va aclarando, todos nos levantamos.
Las palabras se ven simples y pequeñas al lado de los arpa-yinn, incluso “maravillosos” no acaba de admirar cuán divinos son. Suaves, dulces, tiernos, hermosos, humildes, silenciosos, alegres, inocentes, muy inteligentes. No hablan demasiado alto, pero ríen mucho, con sus risas musicales como polvitos de estrellas. Se pasan el día revoloteando de aquí para allá, livianos, gráciles (aunque ahora, por respeto a Michael y a mí, tratan de pasar más tiempo en el suelo). Son, simplemente, perfectos, y yo me siento muy afortunada al poder estar con ellos. Me he integrado y adaptado totalmente, y me tratan como a una más.
Edel es mi mejor amiga ahora. Soy un poco mayor que ella, aunque admito que la diferencia casi no se nota, debido a que ella es más madura y más inteligente que yo. Y es guapísima. Es muy amable conmigo y gracias a ella estoy aprendiendo a ser una más, desde el punto de vista de una chica de mi edad. Su sueño es tener hijos con su pareja, Nárem. Cuando me lo comentó, el otro día, me puse a pensar en Michael y en mí. ¿Podremos tener hijos alguna vez? ¿Querrá Michael? ¿Al método humano o al método arpa-yinn? ¿Qué aspecto tendrían? No he hablado del tema con Michael, ni siquiera con su hermana. Algún día lo sacaré, pero, de momento, prefiero esperar para preocuparnos por eso. AL fin y al cabo, ¡casi acabo de llegar!
Destaco bastante entre todos los arpa-yinn, con mi cabello rubio y mi piel blanquita, pero no les incomoda. Ahora visto siempre de blanco, como ellos. Hay unos gusanos tejedores de seda mágicos, casi tan grandes como gatos, que se encargan de confeccionar la ropa para los arpa-yinn, con ayuda de Elya. ¡Es fantástico! Aunque las demás mujeres arpa-yinn no lo hacen, yo me cubro el torso; aún soy demasiado tímida para eso, y, como no tengo alas, no hay problema. Y algo bastante extraño también es que no tengo la necesidad de usar zapatos. El suelo es sorprendentemente suave y mullido, y, aunque parezca algo fuera de lo normal, nunca me he hecho daño ni me he pinchado desde que llegué. A Vinn le fascina mi aspecto, dicen que soy como “luz”. Aunque la verdad es que mi imagen a cambiado bastante desde que Michael y yo nos fuimos del jardín de mi tío. Sin ser vanidosa, juraría que mis facciones se han vuelto más angelicales. El bosque de los arpa-yinn rebosa de magia, puede palparse en el ambiente. Siempre estoy de buen humor, mi imagen se ve perfecta, no hay motivos para enfadarse, todos nos llevamos bien con todos, apenas tenemos pertenencias, compartimos todo… Mis necesidades básicas se han visto reducidas; comemos tres veces al día, y, aunque los arpa-yinn toman solo frutas, yo también como algunas hortalizas que encuentro a los pies de los árboles, o huevos de pájaro (Michael se muestra en desacuerdo con esto último). Pero mi cuerpo cada vez me pide menos y, misteriosamente, se va adaptando a esta nueva alimentación. Las frutas que toman los arpa-yinn crecen en una parte específica al norte del bosque, casi a las afueras, donde sólo hay árboles frutales, cientos, con frutas distintas. Y, como ellos son moderados en sus comidas, nunca les falta. Y bendita temperatura, ¡siempre hace calor! Nos bañamos en un lago que hay al sur del bosque; el agua es totalmente cristalina y está templada. Me peino con las manos sin dificultades, ¡es todo tan fácil…!
Por la mañana, solemos meditar para dar gracias por un nuevo día y cantar un poco. Me he acostumbrado a esto; me gusta cantar y Michael dice que lo hago muy bien. Los arpa-yinn están cantando siempre, a todas horas, canciones melódicas y suaves. Cuando amanece, hay una canción específica en élfico, de origen antiguo, dedicada al Sol, dándole las gracias.
Luego desayunamos; entre todos recogemos frutas (Michael y yo tardamos el doble que los demás, a parte de que porque tenemos que ir a pie a la zona de los frutales, porque vamos jugueteando todo el camino) y las tomamos en un claro que hay en el centro del bosque, charlando (como siempre, en voz baja y tenue; aún no he acabado de acostumbrarme y se me oye a mí por encima de todos).
Y después, no hay obligaciones. Los niños suelen irse a jugar cerca del río, bajo la mirada de alguno de los hermanos o tíos de Michael, que conversan entre ellos mismos o con los árboles allí, mientras vigilan a los pequeños. También van a aprender magia y cosas sobre la vida, a estudiar a los distintos seres mágicos o a perfeccionar sus técnicas de vuelo, o a practicar al caminar por el suelo. Otros van a volar alto, a hablar con los animales, o inventar juegos… Yo, por mi parte, me dedico a aprender. Aprendo a comunicarme con los animales y con los árboles, a interpretar las señales de la naturaleza y a escuchar su voz, aprendo a vivir sin preocupaciones ni dolor, disfrutando el día a día. Aprendo a canalizar la energía necesaria para curar con mis manos, y, aunque no consigo los mismos efectos que los arpa-yinn, voy progresando y mi energía puede hacer desaparecer dolores pasajeros. Aprendo sus costumbres y a hacer lo que ellos hacen, ¡todo parece tan simplemente sencillo!
Luego, Michael y yo hemos ido al lago a bañarnos. Tardamos un rato yendo a pie, y llegamos allí un poco cansados. Nos bañamos (Michael siempre me mete en el agua a la fuerza o me salpica, yo opino que no está demasiado caliente) y nos aseamos, y luego nos secamos tomando en sol en la hierba, totalmente desnudos. Me he dado cuenta de que la desnudez es algo que incomoda un tanto a los arpa-yinn (no entiendo porqué no tienen vergüenza de mostrar el torso y sí de ir completamente desnudos), pero entre Michael y yo es diferente.
Por las tardes, después de comer y de descansar un rato, Michael siempre me lleva a excursiones. Me ha enseñado cada rincón del bosque y sus sitios secretos preferidos, y también me ha llevado más allá de las tierras arpa-yinn (para que conozca el mundo, dice él). Juntos hemos hecho excursiones de más de un día, hasta llegar a las tierras de los volcanes, en el oeste del bosque; vastas y áridas extensiones de rocas y arena, donde lo único que hay son picudas montañas y volcanes erupcionando todo el rato. Los dragones, señores del fuego y del cielo, habitan en esas tierras, viviendo en cavernas bajo los volcanes y sobrevolando estos. A veces, cuando algún dragón no encuentra agua cerca de su territorio, se acerca al bosque arpa-yinn a beber, ya que aquí hay muchos ríos. Reprimen sus llamaradas entonces e intentan volar con más delicadeza, mostrando el máximo respeto y su admiración por esta raza. Los arpa-yinn les dejan beber, pero no permiten que se alimenten de las criaturas que viven en su bosque. La convivencia es fácil y amistosa; la primera vez que yo vi un dragón fue hace algunos días, cuando, justo antes del amanecer, un fuerte batir de alas me despertó. Me asusté al principio, pero Michael me tranquilizó, y juntos fuimos a ver a la dorada y gigantesca criatura que descendía con la mayor delicadeza posible a un claro del bosque. Eimmelt, que también se había despertado, se acercó a él, y el dragón le miró profundamente, con sus afilados ojos color fuego. Parecía una petición, y el padre de Michael asintió con la cabeza. El dragón se acercó a beber a un riachuelo y luego se marchó tan respetuoso como había llegado.
Al sur están las grandes playas, de arena blanca y suave, aguas cristalinas y cálidas y palmeras con cocos, donde viven todo tipo de sirenas, ninfas acuáticas y haditas de las aguas. Al norte, después de la parte del bosque donde están los árboles frutales, hay algunas montañas, y mucho más al norte, una gran cordillera, fría y picuda, cuyas altas y afiladas montañas siempre están nevadas. Todo tipo de yetis, criaturas de las nieves y haditas del invierno habitan allí; Michael me dijo que son las criaturas más hurañas y difíciles de ver que existen. Y el este, muy al este, después de praderas, más bosques, algún desierto que otro, montañas, valles y un lago casi tan grande como un mar, está el reino de los humanos, del que nosotros venimos.
No quiero volver jamás. Mis 20 pasados años de existencia allí parecen un sueño, un sueño que no quiero recordar. Mi futuro se pinta aquí de una manera muy clara; junto a Michael. Y no quiero que eso cambie jamás.
Por la noche, después de cantar una melódica canción para despedir al sol y de cenar un poco (los arpa-yinn tienen la costumbre de no cenar demasiado), solemos sentarnos en un círculo, entorno a una bola mágica (una bola de energía que nos da luz y calor; es decir, como el fuego, que los arpa-yinn parecen no conocer o no querer usar), y contamos historias, cuentos para los más pequeños, leyendas y anécdotas. Es uno de mis momentos preferidos del día; aprendo, escucho, me divierto, comparto experiencias y momentos. Los niños suelen quedarse dormidos al final de estas reuniones, y luego todos nos retiramos a dormir.
El momento más íntimo del día es la hora de acostarse. Michael y yo dormimos en un cómodo lecho bajo un árbol, ligeramente escondidos por el follaje y las ramas de este, y separados (aunque no demasiado) de la familia de Michael, que duerme en las ramas y copas de los árboles. Así que él y yo tenemos mucha intimidad. La mayoría de las noches todo se limita a abrazos, caricias y besos, pero hay veces que llegamos más lejos o hacemos el amor. Michael es, ante todo, increíblemente dulce y tierno, pero, cuando quiere, puede ser muy apasionado. Le amo tanto, tanto, tanto…
Oh, cuánto ha cambiado Michael. Se ve mejor que nunca. Si era más que fantástico cuando lo conocí, en el jardín de mi tío, ¡ahora es mucho más que perfecto! Tengo la sensación de haber conocido a su sombra; ya no hay ni rastro del Michael cansado y triste, solo y desamparado, lleno de heridas siempre, agotado por trabajar a todas horas, hambriento y con lágrimas en los ojos. No. El Michael de ahora es fresco y dulce como la miel, muy generoso, siempre alegre, con una sonrisa en su precioso rostro. Parece aparecer de pronto cuando alguien le necesita y resolver todos los problemas que puedan existir con su sonrisa inocente, haciendo siempre las cosas adecuadas con su ternura y su despreocupación. Trata a cada uno de manera especial, como si fuese la única persona del mundo, pero a la vez se muestra justo y amable con todos por igual… Y, ante todo, yo soy su prioridad. Michael vive para adorarme, para velar y admirar cada uno de mis movimientos, para amarme las 24 horas del día, para estar a mi lado cuando le necesite (es decir, siempre), para entenderme y consolarme… Tiene en su mirada esa luz que creía distinguir antes, cuando sonreía, y los demás arpa-yinn también la tienen. Y es, dios mío, indefiniblemente hermoso. Totalmente irresistible y adorable, ¡podría pasarme la vida entre sus brazos, apoyada en su torso desnudo!
Al principio, debo reconocer que tuve miedo de que Michael dejase de fijarse en mí, además de porque yo no encajase en su nueva vida, porque encontrase a una arpa-yinn mejor que yo. Pero no, no ha sido así. Al contrario; Michael suele decirme que su felicidad ya es imposible si yo no estoy.
Y, ¿qué más puedo decir? Ah, ¡soy feliz!


Me has dejado sin palabras!
ResponderEliminarHa sido todo tan hermoso! Es increíble el cariño que se tienen los dos. No paré de suspirar mientras leía la última parte.
Y tus descripciones! Son fantásticas! Me has hecho volar, querida.
No puedo creer que el final esté cerca. Podría seguir esta historia hasta el fin de los tiempos, es una de mis preferidas. Es todo lo que podría pedir de un relato. Me encanta.
Como siempre, ha sido perfecto. Maravilloso.
Un beso enorme!
Gracias Julia! :)
ResponderEliminarMe alegro mucho de que te haya gustado!^^ Es un placer tener lectoras asi ;)
Todo tiene un principio y un fin... Aunque trataré de meter algunos capitulos mas por ahí, reconozco que me da pena acabarla! :P
Muchísimas gracias por tus apoyos! :)
Un besazo! :)
Capitana! Como me alegré al ver que habías vuelto a publicar!!
ResponderEliminarEstos dos últimos capítulos han sido MÁGICOS, me sentía volar mientras leía todo sobre el mundo de los arpa-yinn, sus costumbres, los paisajes, Michael...
No me puedo creer que vaya a terminar tan pronto, que triste! con lo increíble que es esta historia, me parece casi un pecado! aunque comprendo que cada novela tiene su principio y, por desgracia, su necesario final.
Siento muchísimo no haber comentado antes, pero entre el juicio de Murray (que me quita las ganas de todo), las clases, etc... no he encontrado el momento para hacerlo, lo siento.
Gracias una y mil veces por una historia que consigue hacerme olvidar los problemas y me hace soñar de esta forma tan maravillosa. Es increíble, ya lo sabes.
Un besazo para ti, artista, que te lo mereces!
Querida Adia, de nuevo, mil gracias por tus apoyos y tu hermoso comentario! :) Me alegro de que te haya gustado el mundo arpa-yinn, si te soy sincera, no estaba del todo segura de si os iba a agradar. Mil gracias a vuestros comentarios, que me animan mucho! :)
ResponderEliminarNo te preocupes por no haber comentado antes, yo estoy igual, y el caso de Murray me enfurece tanto...
Un beso y muchísimo amor Adia, mil gracias de nuevo! :)